OBRAS VIALES / PUENTE LA NORIA: ABREN EL VIADUCTO A CAPITAL FEDERAL Y CRUZARLO DEMORA 90 SEGUNDOS

Un enlace clave entre la Ciudad y el Gran Buenos Aires. Hasta ayer se tardaba entre cuarenta minutos y una hora. La obra se demoró tres años y desde mayo está habilitada la mano hacia Provincia. También beneficia a los colectivos.

La apertura del tramo hacia Capital del nuevo viaducto de Puente La Noria, que funciona desde este lunes a la mañana, le puso fin a una espera de más de tres años, con todo lo que eso supone para los 75.000 vehículos y las 21 líneas de colectivo que circulan a diario por ese paso. Es que con esta vía habilitada, los 90 segundos que lleva unir General Paz con Camino Negro mano a provincia, ahora se replican en lo que representa uno de los ingresos más importantes a la Ciudad desde zona sur.

Con la presencia del presidente de la Nación, Mauricio Macri, la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal, el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta y el ministro de Transporte de la Nación, Guillermo Dietrich, el tramo quedó oficialmente inaugurado pasadas las 9 de la mañana.

Un rato después cruzaron los primeros autos, con un tránsito intenso pero constante, una postal muy distinta a la que se vivió por años en este enroque entre la Capital y el distrito de Lomas de Zamora. A las 12.30 del mediodía recorrer el kilómetro que ocupa el Viaducto apenas demandó 70 segundos. Son 38 minutos y 50 segundos menos que antes, cuando la espera en este punto del camino exasperaba hasta la más zen de las paciencias.

“Lo que antes le llevaba más de media hora a un colectivo, que era salir de la playa, ahora lo hace en minutos. Entonces, los pasajeros ya no vamos a tener que calcular todo ese tiempo extra antes de salir de casa, y encima vamos a llegar más rápido a destino. Es una gran mejora”, se entusiasma Rubén Darío, vecino y usuario de una de las líneas.

El hombre se refiere a la terminal para micros de media y larga distancia en la entrada al distrito, que el Gobierno provincial autorizó junto a la apertura de un casino en 2010. Está sobre la rotonda, cayó en desuso durante las obras del viaducto, y obligó a los usuarios de una veintena de líneas a trasladarse hasta las espaldas del Autódromo (sobre 27 de Febrero) para abordar un colectivo.

“Acá solo paraba el 117, entonces muchos se tomaban ese únicamente para llegar hasta la parada de la línea que en realidad necesitaban tomar. Era una locura, y muy inseguro para los pasajeros que tenían que cruzar hasta ahí”, refuerza Rubén.

La circunvalación ahora recibirá apenas un porcentaje del flujo habitual. Son los que llegan, por ejemplo, por el Camino de la Ribera, y los que no continúan por Camino Negro, desde y hacia General Paz. No obstante, le llevará un tiempo dejar los embotellamientos atrás, cosa que recién será palpable cuando habiliten el cruce de una mano a otra de colectora, y mejoren los caminos aledaños.

“Cuando eso pase la ganancia de tiempo va a ser mucho más, porque ahora los transportes se traban ahí. De este lado, habiendo podido volver a salir de la terminal, en minutos ya están tomando la General Paz. Antes tardaban 40 solo para poder salir de las dársenas”, apunta Jorge, inspector de la Línea 28.

El resto de los autos, que se dirigen hacia localidades como Villa Fiorito, Banfield, Lomas centro o Lavallol siguen su ruta por el Viaducto hasta el enlace directo con Camino Negro, convertido en autopista en 2005 por el entonces Gobierno nacional, y con distintos nombres a lo largo de su recorrido por el municipio que lidera Martín Insaurralde: Camino Presidente Perón y Avenida Juan XXIII.

Las obras viales para cambiar la circulación en el acceso incluyeron la construcción de un viaducto de 800 metros, un distribuidor que conecta el Camino Negro con el puente y dos carriles con banquina por sentido. Construido por la cartera de Transporte a través de Vialidad Nacional, costó $ 1.371 millones, y cuenta también con rampas de acceso y bajadas a colectora, que aún no están debidamente señalizadas.

El viejo puente metálico, reemplazado por las autoridades porteñas, en 2008, con dos cruces sobre el Riachuelo, y los dos arcos de estilo colonial que por décadas funcionaron como límite entre provincia y Capital, ahora ven pasar “de costado” al grueso del tránsito. Es casi una metáfora de la historia, haciéndose a un lado para dar paso a lo nuevo. Demoras que se vuelven una anécdota, todavía fresca, y tránsito fluido más como una norma que como una excepción.

FUENTE: CLARÍN (BUENOS AIRES)

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